Biografía oficiosa de Blasco
Rafael Blasco nace un triste día de dios sabe cuándo. De jovencito ya le preocupaba la política, así que el joven Blasco estuvo un tiempo militando en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico, de inspiración marxista-leninista) una organización partidaria de la lucha armada.
Luego se escoró hasta llegar al PSPV donde, por supuesto, pronto se hizo cargo de la Consellería de Obras Públicas. Su "extraña forma" de manejar el erario público, hizo que la cúpula de los socialistas lo expulsaran del partido. El hombre no se amilanó, le había cogido gusto al ladrillito y pensó "¿Por qué un viejo camarada del FRAP no puede escorarse hasta llegar al PP? ¿Qué es más importante: la integridad ideológica o el dinero?". Dicho y hecho, se afilió al Partido Popular.
Allí fue recibido con los brazos abiertos, sobre todo porque Blasco tenía muchas conexiones entre los funcionarios de la Generalitat, que podían ayudar a Zaplana a vencer en las elecciones. El cartagenero le recompensó, finalmente, con su añorada Consellería de Urbanismo. Por fín Blasco tenía manga ancha para cumplir su sueño más húmedo: cubrir de hormigón y cemento la Comunitat Valenciana con la inestimable ayuda de sus nuevos camaradas urbanizadores.
Durante los siguientes diez años, Blasco se cubre de gloria aplicando a su antojo la antigua ley socialista sobre urbanismo, la LRAU, mientras los constructores hacian cenas de homenaje a su nuevo benefactor. Pero no todo era de color de rosa: expropiaciones sumarísimas, expolios culturales, aberraciones urbanísticas, violación de derechos constitucionales, atentados ecológicos... llevaron a la política urbanística valenciana a ser denunciada ante Bruselas.
Tras diversos toques de atención desde Europa, algunas comisiones, escándalos urbanísticos, quince mil denuncias sobre la LRAU y amagos de sanciones europeas... el señor Blasco se pone a la defensiva. Insiste en que la LRAU, que tan a gusto ha estado explotando el Conseller durante diez largos años, es un diablo socialista y que él, pobre corderito inocente, no ha tenido más remedio que aplicarla y que en 10 años no le dió tiempo a cambiarla porque no tenía hueco en la agenda.
Sólo Fresita, los Teletubbies y la rana Gustavo se creyeron sus explicaciones. Así que, a regañadientes, empezó a elaborar una nueva ley de urbanismo que, sin ser tan abiertamente pérfida como la anterior, disimulara un poquito su incuestionable apego al cemento. De ahí nació la LUV, una ley creada para salvaguardar la demacrada imagen de la Generalitat y sus socios especuladores frente a la comunidad internacional.
Tampoco se salvó de la crítica, por eso empezó a utilizar Notícies Nou (el ejemplo más claro de que la fórmula del No-Do aún sigue vigente) para lavar su imagen. En el pequeño espacio informativo llamado "Medi Ambient" salía casi todos los días haciéndose pasar por el auténtico Guerrero Verde Mega-Ecologista Ultra-Definitivo... pero tampoco colaba. Ya es bastante triste ver a un político instrumentalizar un medio de comunicación público en su propio provecho como para, además, aguantar sus escasas dotes interpretativas.
Blasco perdió todo su crédito político y, al final, se convirtió en una rémora para Francisco Camps de Golf, en un cadáver político del cual, una vez exprimido, había que deshacerse y poner en su lugar a otro con la misma falta de escrúpulos pero no tan quemado. Por eso fue relevado de sus funciones. Pero ahí no se acaba la historia de Blasco, desde su nueva Consellería seguro que ya tiene planes para ayudar a sus amigotes constructores y volver algún día a su trono del ladrillo y a su vieja ONG "Salvem el Ciment".
Yo, por mi parte, espero que éste cuento acabe bien: Blasco en la cárcel (sí hijo, sí... te lo mereces) y todos los valencianos siendo felices y comiendo perdices. Ese, querido lector, es mi sueño, y algún día espero que se cumpla...

